domingo, 11 de junio de 2017

LA TROYA Y EL QUIMINDUÑE.

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LA TROYA Y EL QUIMINDUÑE.—El paraparo que la gente pobre de esta ciudad solía usar para sustituir el jabón, era popular además porque en tiempos de Se­mana Santa, los muchachos lo utilizaban para jugar el " quimin­duñe", suerte de acertijo que distraía de los oficios religiosos a los jóvenes que se detenían en la Plaza Bolívar, antes o después de entrar a la Catedral.
Hemos dicho que el paraparo era popular porque en la actualidad ha dejado de serlo. El crecimiento de la ciudad, la quema y la tala indiscriminadas e irracionales acabaron con este frondoso árbol de las sapindáceas.
Con la extinción del paraparo ha desaparecido también la tra­dición de la Semana Mayor, que es el “par o none" o el " quimin­duñe" / abre el puño / ¿sobre cuánto?...
De los tiernos juegos de Semana Santa sólo queda aislada y debilitada "La Troya" o partida de trompos.
El concreto y el asfalto de las calles han acabado con "La Tro­ya", no obstante hay niños que se las ingenian para coger el trompo en la palma de la mano sin rozar la epidermis con la escabrosa y caliente lija del asfalto.
Partidas de dos, tres, cuatro y hasta diez muchachos van lan­zando sus peonzas una y más cuadras abajo, contra la del que no
dijo a tiempo ¡Troya! o picó más afuera del blanco que los otros. Y al que no supo mantenerse activo hasta el límite convenido le caerá la guiñada o cachada sobre su trompo.
Trompo abajo es trompo en desgracia, trompo caído. Si está hecho con la madera de un Guayabo o de un Majomo que es ma­dera tan dura como la de un quebracho, resistirá las guiñadas, pero si es de Pariaguatán, madera rosada y tierna como la mis­ma tradición, inadecuada al fin para estos tiempos con monst­ruos de acero, todos sabemos lo que habrá de acontecerle.